Hace tiempo, escribí un pequeño relato a aquellas mujeres de mi vida que había amado y a las que de alguna forma todavía seguía amando. Todas ellas forman una sola mujer que a lo largo de los años me ha querido, comprendido y perdonado en infinidad de momentos,y que en mi memoria sigue intacta.
Quizá el tono del relato es algo más oscuro de lo que hoy en día escribiría, pero aún así cuando lo vuelvo a leer, recuerdo aquellos buenos momentos y agradezco cada momento que pasé con ellas.
Desde el salón brindo con vosotros por los amores: perdidos, soñados, pasados o futuros, lo que solo duran un segundo y los que son eternos; por todos ellos y por ella, la mujer de mi vida.
Es una enfermedad, una obsesión que recorre mi cuerpo, un parásito alojado en mi cerebro que no hay forma de extirpar. Cierro los ojos y ahí está, con ese olor que hace los lobos aúllen, las frutas maduren y los santos lloren.
El tiempo pasa y ella sigue, intacta en mi memoria, eterno vampiro que se alimenta de mi alma. No importa lo rápido que corra o lo lejos que vaya, la veo en cada reflejo, en cada sombra.
Hace tiempo que sus huesos se convirtieron en polvo, incluso el polvo se convirtió en otra cosa, pero ella sigue; una diosa enfadada, una amante despechada que se aferra a mi pecho y clava sus garras en mi corazón.
Los soles se apagaron, el vacío recuperó su tesoro robado y ella sigue, animal insaciable de mí ser. Desaparezco junto al resto y solo ella sigue, solo ella.
jueves, 4 de junio de 2009
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Por ella!
ResponderEliminarpoyeyaaaaa!!
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